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Índice de Contenidos
- Capítulo 1: El Reloj y el Desprecio en la Joyería
- Capítulo 2: La Llegada del Nuevo Dueño
- Capítulo 3: La Verdad que Heló la Sangre y el Despido
- Capítulo 4: La Redención y las Normas de Justicia Civil
Capítulo 1: El Reloj y el Desprecio en la Joyería
Don Manuel contemplaba con ilusión un fino reloj de pulsera dorado protegido dentro de una vitrina de cristal templado.
Vestía su modesto sombrero de paja, una camisa a cuadros desgastada por el trabajo en el campo y botas polvorientas, habiendo ahorrado durante meses para comprar el regalo de su hijo.
La dependienta de la tienda, una joven rubia vestida con un entallado vestido negro y maquillaje impecable, se acercó con paso altanero.
Con una mueca de evidente asco, empujó el pecho del anciano:
—¡Sálgase de aquí ahora mismo, señor! Este reloj de lujo vale mucho más de lo que usted ganará trabajando la tierra en toda su miserable vida. Clientes como usted solo entran a ensuciar los pisos de mármol.
Don Manuel se quitó lentamente el sombrero y la miró con serenidad:
—El dinero de un hombre trabajador y honesto vale exactamente lo mismo que el de cualquier potentado, señorita.
Capítulo 2: La Llegada del Nuevo Dueño

En ese instante tenso, las puertas automáticas de cristal de la joyería se abrieron de par en par.
Una comitiva de ejecutivos ingresó al local escoltando a un distinguido empresario con gafas de armazón dorado.
El gerente general de la cadena corrió presuroso a recibirlo, abriendo una carpeta con sellos notariales y membretes oficiales.
—Las escrituras definitivas y transferencia de toda la franquicia nacional de joyerías están listas para su firma, licenciado —anunció el abogado corporativo—. A partir de este momento, el control absoluto queda bajo su entera disposición legal ante la justicia civil.
El empresario firmó el documento notarial con un trazo rápido.
La dependienta rubia sonrió con hipocresía desmedida, acercándose para adular al nuevo propietario y presumir su supuesta eficacia al «cuidar la imagen de la tienda» echando al campesino.
Capítulo 3: La Verdad que Heló la Sangre y el Despido
El empresario volteó lentamente hacia ella con una mirada gélida.
—La soberbia no tiene cabida en ninguna de mis empresas, señorita. Queda usted despedida de manera inmediata, fulminante y sin liquidación por discriminación.
La mujer palideció como un cadáver, dando un paso hacia atrás.
El empresario dio media vuelta, caminó hacia el anciano campesino y, ante el asombro de todos, se inclinó en una reverencia profunda para tomar sus manos encallecidas.
—Padre querido, qué gran orgullo encontrarte aquí en esta sucursal hoy.
—Hijo mío, finalmente compraste la empresa que tanto soñabas dirigir —respondió Don Manuel con lágrimas de emoción.
La dependienta cayó de rodillas sobre el piso brillante, comprendiendo con terror que había insultado al padre biológico del nuevo dueño de todo el consorcio.
Capítulo 4: La Redención y las Normas de Justicia Civil
El empresario ordenó que la mujer fuera retirada del establecimiento de inmediato, notificando a la asociación de recursos humanos sobre su conducta discriminatoria dentro del marco de la justicia civil y laboral.
Meses después, tras pasar por penurias económicas y reflexionar sobre sus actos al extremo de trabajar como lavaplatos, la exdependienta se reencontró con Don Manuel durante la inauguración de una escuela técnica agropecuaria fundada por el magnate.
Con lágrimas de arrepentimiento, le pidió perdón sinceramente.
Don Manuel le extendió la mano con nobleza y su hijo le otorgó una segunda oportunidad becándola en los talleres técnicos de la escuela.
Aquella historia demostró que la humildad siempre prevalece y que el respeto a la dignidad humana es un principio inquebrantable ante la justicia civil.










